Esperanza y Desilusión

Febrero 11, 2008 por moscarey
Esperanza y Desilusion

“Don Aguirre” ya era toda una leyenda en mi pueblo. Tenia leyendas de por que él actuaba así, de por que él estaba ahí, del accidente en la ruta en donde supuestamente había fallecido toda la familia y mas de cincuenta motivos más del por que enloqueció. Algunos decían que era doctor y otros simplemente decían boludeces.
Era buenísimo Don Aguirre, desde que nací que lo conozco, aunque jamás hable con él. Cuando salía a la plaza mi mamá me decía “No te alejes de Don Aguirre, mira que le dije que te cuide” mentira, que le va a decir, Don Aguirre siempre estaba en el mismo lugar, en el banco de la plaza central. Siempre, desde que tengo memoria que se sentaba ahí, le decían el “Viejo del banco”, mi papá a veces hacia chistes en cenas familiares, que sinceramente a mi mucha gracia no me causaban.
Mi forma de saludarlo cuando ya me estaba por ir de la plaza era gritarle “Chau viejo del banco” y el me respondía con tranquilidad, “Chau Santiago, pórtate bien, no hagas renegar a mamá”.
Él tiempo paso y crecimos los dos, Don Aguirre y yo. Pero a él no se le notaba mucho, ya era grande, vestía un saquito, camisa, pantalón de vestir gris y unos zapatitos que le habrán durado toda su vejez, por que estaban siempre impecables.
Él estaba con su pan bajo el brazo para alimentar a las palomas, las únicas espectadoras de su silbatina. Silbaba un tango de “El Polaco”, me di cuenta hace poco que ese tango es el que él silbaba todas las tardes, cuando sonó en la Spica , me parecía tan conocido ese tango, que comencé a silbarlo. En ese instante se me vino el recuerdo del viejo Aguirre. ¿Qué seria de la vida de él?, ¿Estaría todavía en el mismo banco?. Y con esas dos preguntas me acosté a dormir la siesta, cuando me desperté me fui para “Esperanza y Desilusión” así se llamaba la plaza.
Y sí, como era de esperar, Don Aguirre estaba ahí, desmigando el pan para darle la merienda a las palomas. Esta vez no me conforme con mirarlo, me acerque y le pregunte si me podía sentar junto a él.
-Don Aguirre, ¿me puedo sentar en el banco? –Ya estaba grande para decirle “Viejo del banco”.
-Claro que si Santiago, el banco no es mío –Respondió, se acuerda de mi nombre, que increíble.
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